CulBuks-escritores

A menudo asisto a charlas y mesas redondas donde se discute en torno a la situación actual del sector editorial y de las posibilidades que realmente, a día de hoy, tiene un autor de publicar un libro. En todas suele elegirse como orador a algún escritor con bagaje literario a sus espaldas que viene a exponer las dificultades que ha conseguido solventar hasta ver cumplido su deseo de poder vivir de sus escritos. Entre los asistentes, es fácil reconocer a escritores noveles cargados de ilusión que han oído campanas sobre que hoy en día es relativamente fácil publicar un libro. Por mi experiencia, niguno de ellos, tras escuchar al orador, debe salir muy motivado a intentarlo.

Por regla general, el orador suele comenzar con un buen análisis de lo que significa ser escritor hoy. Para empezar, hay que saber compaginar el oficio de escribir con el que, respectivamente, cada uno haya elegido para poder comer. El ilusionado escritor novel no se sorprende. Todos sabemos que Pérez Reverte en nuestro país no hay más que uno. Toma nota del consejo con el que el orador termina este primer bloque de su disertación: “pase lo que pase, tú escribe todo lo que puedas”. Hasta ahí, bien…

El siguiente punto es el relativo a la puerta de acceso a las editoriales. “No te canses nunca de enviar tu obra a las editoriales… alguna, si es buena, publicará tu libro”. Al ilusionado escritor novel le surge en ese momento la duda de “¿quién decide que mi obra es buena? y… ¿por qué?”. El moderador suele intervenir en ese momento para aportar su granito de arena en forma de reflexión: “las editoriales de hoy piensan más con la cartera que con el corazón”. Normal ¿no?. No olvidemos que una editorial tradicionalmente es lo que es: una empresa que tiene que rentabilizar sus inversiones sí o sí. Publicar un libro, imprimir miles de ejemplares y distribuirlos por todo el país no es barato. Y menos aún cuando todos conocemos que la mayor parte de los libros que se editan en España al año no venden más de 500 ejemplares. Asusta pero es así. El ilusionado escritor novel recibe el primer jarro de agua fría: va a resultar complicado convencer a alguna editorial de que mi libro puede ser rentable.

Las editoriales de hoy piensan más con la cartera que con el corazón.

Es entonces cuando el orador nos cuenta que el esfuerzo y la paciencia merecen la pena. Su libro ha sido publicado por la Editorial X y ya está en todas las librerías de España. El moderador apostilla que es todo un mérito, porque es una de las tres obras que ha publicado ese sello editorial a lo largo del año. El ilusionado escritor novel mira a izquierda y derecha y empieza a ver rivales por todas partes. Toma nota mental de enviar su libro esa misma tarde a la Editorial X, no sea que la chica que está sentada dos sillas más allá se adelante.

Abierto el turno de preguntas, el ilusionado escritor novel guarda silencio por timidez, pero escucha como toma la palabra otro (menos) ilusionado proyecto de escritor, que expone que él ha cumplido todos los pasos que el orador ha expuesto, pero que no ha obtenido más que cartas de rechazo de editoriales. Y a veces ni eso. “Sigue intentándolo”, como en el rasca y gana. “¿Hasta cuando?”. “Siguiente pregunta…”.

La siguiente pregunta resulta ser de una chica a la que una editorial le prometió publicar su libro, pero dos años después sigue dándole largas. No puede recurrir a otra editorial porque el contrato fue lo primero que le pusieron por delante y durante los cinco primeros años, su obra ya no es su obra. Silencio en la sala. “Siguiente pregunta…”.

La chica que está sentada dos sillas más allá toma la palabra y cuenta que su obra sí fue publicada por una pequeña editorial. Le prometieron que sería su libro estrella y tras un anticipo, a cuenta de ventas futuras de 500€, ahora recibe unos royalties del 5% por cada ejemplar vendido. O debería recibirlos, porque el libro desapareció de los camiones de la distribuidora a las dos semanas y no se ha vuelto a tener noticias de él. El ilusionado escritor novel calcula mentalmente el beneficio que ha obtenido su compañera de fatigas por publicar su libro. Lo compara con el que ha obtenido el señor que conduce el camión y no le parece demasiado. En fin, es el sistema y funciona así, qué le vamos a hacer.

Por último, toma la palabra un joven al fondo de la sala y pregunta por la opinión del orador sobre la autopublicación. El ilusionado escritor novel ve un rayo de esperanza, a ver si hay suerte con esto. El orador, no obstante, salta de su silla y a duras penas mantiene la calma para explicarnos que un escritor no puede rebajarse a eso. “¿Por qué?”. “Porque nosotros escribimos”. “Ya, pero escribimos para no publicar nada”. “Yo soy ejemplo de que se puede publicar”. “Sí pero me dices que trabaje todo lo que pueda, que envíe mi obra a todas las editoriales, que confíe en encontrar una que decida publicarme y que le regale todos los derechos de distribución y posibles beneficios para terminar haciendo ganar dinero a un señor que tiene un camión”. “Pero es que ese es el sistema”. “¿Y si usamos otro sistema?”. “Pues no te leerá nadie… para vender cien libros no escribo”. “¿Y cuántos ejemplares dices que has vendido tú?”. “Siguiente pregunta…”.

Pero lo que sé es que sí hay alternativas, imaginativas, ilusionantes y que sirven para encontrar un resquicio en este inaccesible mundo de las letras.

La conclusión que saco siempre de estas charlas es que el ilusionado escritor novel vuelve a casa convencido de que nunca podrá publicar un libro y, de conseguirlo, no le va a servir de nada porque nadie le va reconocer (económicamente) su mérito. La CRISIS con mayúsculas del sector editorial ha cerrado absolutamente todas las puertas a escritores noveles, simplemente porque no hay dinero para aventuras. Y de eso no tiene culpa nadie. Pero lo que sé es que sí hay alternativas, imaginativas, ilusionantes y que sirven para encontrar un resquicio en este inaccesible mundo de las letras.

Escribe tu libro, querido ilusionado escritor. Hazlo bien, mímalo hasta que sepas que está listo para ver la luz. Y entonces, reflexiona sobre las posibilidades reales de tu obra y decide si merece la pena vender tu alma por ella.