Sí, la creatividad se puede alimentar. Y no sólo estimulándola a través de técnicas o herramientas que saquen lo mejor de tus neuronas, hay algo mucho más sencillo que tenemos día a día en nuestra mano -o mejor dicho en nuestra boca- y que solemos pasar por alto: la comida. Esta gran lección es justo lo que he aprendido en estos meses trabajando mano a mano con Marta Mató en su próximo libro Vive sano, vive feliz.

Marta es nutricionista y coach de salud y bienestar. Una mujer risueña, creativa y con una energía admirable que vive apasionada por los beneficios de la nutrición saludable y cómo nos ayudan a mejorar -de dentro hacia fuera- para que consigamos todo aquello que nos proponemos.

Y como sé que cuando toca escribir hay que alimentar bien la creatividad, le he pedido que nos de algunos consejos para que te resulte más fácil la tarea. Si necesitas recetas y otras propuestas interesantes puede visitar su web o consultarle directamente porque Marta es un pozo inagotable de sabiduría.
Te dejo con ella:

 

Comer también tiene que ver con escribir

Lógico, si somos lo que comemos, pensamos también tal cual nos alimentamos. Obvio que cada uno tiene su capacidad y su forma de pensar innata, pero la creatividad, la productividad y la energía de la que disponemos para escribir va a depender también de lo que nos ponemos en la boca.

La creatividad es la auténtica chispa de la vida. Es la hoja de menta que adorna el helado de fresa. El montoncito de germinados que corona la hamburguesa. El chorrito de aceite que decora la crema de calabaza servida con sus pipas para decorar… Cualquier cosa con creatividad, va a brillar. Sin ella, todo es aburrido. Igual que ocurre con los textos, como dice Samu Parra: «Un texto nunca es demasiado corto ni demasiado largo. Solo demasiado aburrido». Le falta creatividad.

Pues ale, voy a explicarte cómo, cuidando tus menús, puedes fomentar todo ese potencial creativo que te llevará a escribir de forma más brillante tu libro.

la nutricionista y coach Marta Mató

4 tips que puedes hacer en la cocina antes de escribir un libro

Lo que no puede faltar en tu dieta cuando escribes un libro es:

  1. Magnesio. Eso es, frutos secos, semillas y cacao. Porque te darán paz y calma, y mantendrán tu sistema nervioso a raya. ¡Imagina lo que sería tener que escribir bajo presión, con estrés, o con un ataque de nervios encima! Keep calm, ponel un poco de magnesio a tu día a día…
  2. Vitamina B. Por lo mismo. El magnesio y la vitamina B hacen un tándem espectacular ante cualquier situación de ansiedad, estrés o nervios pasajeros. Come plátanos. Y según lo leído, si los espolvoreas con cacao y nueces, además de saber espectacular hará un trabajo que ni el mejor de los psicólogos.
  3. Aminoácidos, tales como triptófano. O sea, alimenta tus neuronas. Con frecuencia (especialmente las mujeres) cometemos  el error de comer poca proteína: poca carne, pescado o huevos. Uno de los primeros síntomas de su carencia es la caída del cabello y la ansiedad o depresión (depende de tu personalidad, la inestabilidad emocional te llevará abajo o arriba). Añade siempre, en tus 3 principales comidas, algo de proteína: un huevo duro en la ensalada, unas gambillas a la plancha para acompañar tu verdura, etc.
  4. Omega 3. El famosísimo aceite o grasa buena del pescado azul. Tanto que hasta lo encapsulan para tomar a modo de suplemento en casos no sólo de hipercolesterolemia sino también en TDHA o hiperactividad infantil. Este aceite antiinflamatorio hará que nuestras neuronas brillen. Y lo hagan a lo grande.

En realidad, es muy fácil comer para escribir mejor.
Se trata de escoger alimentos naturales, frescos y sin procesar.

Los alimentos procesados, ricos en sal, aditivos y potenciadores de sabor, lo que van a hacer precisamente es estresarte y debilitar tus neuronas creativas.

La lista de la compra para fomentar tu creatividad

Compra en el mercado, siempre fresco. Es más fácil llenar la nevera de cosas ricas si las compras en tu mercado que no en el súper. Una buena lista de la compra para fomentar tu creatividad sería:

  • Variedad de vegetales y hortalizas para hacer buen acopio de vitamina B y magnesio en todos tus platos. Y hacer ensaladas coloristas. Sé creativa también en la cocina.
  • Huevos ecológicos. Si te fijas en el código que viene marcado en el huevo, el primer dígito debería de ser un 0 o un 1. Son los huevos sanos, ricos en triptófano y grasas buenas.
  • Carnes ecológicas o de animales criados en libertad. Aunque sea para pequeñas raciones, pero cómelas. No subestimes el poder de las proteínas.
  • Pescado azul. Escoge pequeños pescados, como el boquerón, la sardina o la caballa. Los grandes pescados azules tal como el salmón, por ejemplo, tienden a acumular mercurio y tóxicos que para nada van a ayudar a tus neuronas a escribir…
  • Fruta. Ponle color a tus menús, y también a tus ensaladas, con el toque dulce o ácido de la fruta.
  • Frutos secos y semillas. Sirven para enriquecer ensaladas, arroces, quinoa, verduras, cremas a modo de picatostes… ¡o para picar entre horas cuando estás full! Un chute de magnesio para tus nervios.
  • Cacao. Mínimo del 70%. Nos gusta, nos calma, y nos alegra un montón. ¿Qué tendrá el cacao que nos hace cerrar los ojos de placer? Bueno, lo que tiene se llama teobromina. Y lo que hace es calmarte y hacerte sentir mejor, además de ser un potente antioxidante. Y como gusta tanto, pues ale, vamos a darle el toque final a nuestro menú con un poquitín de este manjar.

 

Y ahora que tienes la lista de la compra hecha, haz tus menús creativos, coge lápiz y papel (o el ordenador, vamos, como te vaya mejor), y deja que tus ideas vayan cogiendo forma en ese libro que hace tiempo tienes en mente. El mío muy pronto verá la luz…

Comer, ya ves, tiene mucho que ver con escribir. 😉

Marta Mató.

Si te ha parecido interesante te invito a que te pases por la web de Marta donde da un montón de consejos y recetas ricas para que alimentes correctamente tu cuerpo y tu mente.
¡Alimenta tu creatividad!